Había
una vez una niña muy pequeñita que vivía con su abuelita en un lugar donde los árboles eran enormes y
había un río inmenso, en el que la niña solía ir a jugar con sus amigos los
animalitos.
La abuela de María era muy feliz desde que ella había
llegado a su pequeña casa en el campo, juntas hacían que
los días fueran felices y maravillosos.
Una mañana la niña
despertó de súbito al sentir en la cara las lamidas de una linda gatita color
café con manchitas blancas.
María al abrir los ojos se encontró con
manchitas pegada a su cara, ronroneando feliz y diciéndole: -- ya despierta
María, que tengo mucha hambre y quiero jugar contigo anda date prisa, antes
de que despierte la abuela y nos mande a traer los huevos para el desayuno.
María bostezando y sonriendo la abrazo. -- Esta bien manchitas ya voy, déjame un ratito más , por favor, solo un minuto, le dijo.
La gatita saltaba de un lado a otro de la cama, hasta que a María no le quedó mas remedio que
levantarse.
De
un salto se puso los zapatos y dio
una carrera enorme hasta la cocina, la pobre manchitas corrió tras ella, pero
tropezó y cayó al suelo lastimándose una
de sus patitas.
María al ver que no llegaba comenzó a gritarle: -- ¡Manchitas! ¡Manchitas! ¿donde estás?
- María aquí estoy ¡ayúdame ! dijo Manchitas desesperada.
La
niña corrió hacia manchitas y la encontró llorando, tirada en un rincón,
María preocupada la tomo entre sus brazos y salió corriendo y ¡gritando! -- Abuela, Abuela,
manchitas se cayó, esta herida…
-- María, cálmate vamos a revisarla para ver que
tiene ….dijo la abuela al salir de su cuarto deteniendo a María con cariño.
-- ¿A
ver manchitas que estabas haciendo? ¿a donde ibas con tanta prisa? que ha hecho
que tu patita se tuerza? déjame revisarla ….
Manchitas
contuvo el llanto y dejándose revisar por la abuela, guardo silencio…
-- ¡María ! ve al botiquín y
tráeme el alcohol y una venda para ponerla en la patita de manchitas… Dijo la abuela mientras tomaba en sus brazos a la pequeña gatita.
María, asustada corrió al botiquín y busco nerviosa
la medicina que le había encargado la abuela, moviendo todo lo que había en el
botiquín y al no encontrarla, rompió en llanto y ¡exclamo!
-- No encuentro ¡nada! no hay nada, ¡abuela! no hay nada en este botiquín…
-- Te
voy a mostrar algo, tomo la cara de la niña
y con su mano tapo por completo la cara,
impidiendo que viera a su alrededor ,
con ternura le dijo : -- ¿Que alcanzas a ver María?
-- No veo nada abuela, no me dejas ni siquiera
respirar.
La abuela, retiro su mano del
rostro de María, y la tomo en sus brazos.
-- Para ver mejor hay que dejar de cubrir
el rostro…
Para
actuar mejor hay que respirar profundamente, por lo tanto, hay que dejar de presionar la nariz …..
- Pero tú estabas cubriendo mi rostro, por eso no me permitías ni ver, ni respirar , dijo María mirándola sorprendida.
-- Si lo sé, ven, vamos al botiquín.
María
un poco mas tranquila, siguió a su abuela.
Al
llegar al botiquín, la abuela se puso junto a la niña y volvió a tapar su
rostro preguntándole: -- ¿Qué ves María?
- No
veo nada mas que tus dedos y alcanzo a ver una caja de algodón.
-- Muy bien María, dijo la abuela, retirando la
mano del rostro de la niña, ahora dime: -- ¿qué es lo que ves?????
María respiro hondo y en un profundo suspiro dijo:
-- Veo ¡ah ! ya lo vi, ¡ ahí está el alcohol y la venda! ¡ abuela, lo encontré! grito María sorprendida.
-- ¿Como lo hiciste abuela? esto es magia.
-- No María yo no hice nada, lo hiciste tu
misma….
- Cuando queremos encontrar una respuesta a algo, y todo lo vemos de cerca, es como si nos taparan los ojos, la nariz y la boca, sentimos que nos ahogamos,
por eso hay que respirar hondo para calmarnos y alejarnos un poco,
para poder encontrar la respuesta a lo que lo que necesitamos o para encontrar lo que buscamos.
María
abrazo muy fuerte a la abuela y ¡exclamó!
-- Gracias abuela, hoy
aprendí que todo esta frente a mí, pero que necesito tener calma para poder
verlo, alejarme un poco para poder ver mas y mejor.
¡Te quiero abuela !


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